Los años perdidos

 


El miedo sacude el piso bajo mis pies, la duda se mezcla con la incoherencia y los días parecen de terciopelo. Hace mucho tiempo vago por el mundo insomne, aturdida por las locuras de la noche, entre cuatro paredes y una casa alborotada.

Mis pies descalzos se arrastran moribundos como cumpliendo una condena irresarcible, con un rezo entre los labios casi ilegible, casi irreal. Busco las sombras de la luna, y el reloj remata el tiempo a bajo costo. Me hago perpetua en el crisol de las letras y en lenta agonia, desparramó suspiros de olvido y muerte. Más... mí tumba aún no está escrita, espero a que reververen mis sueños como piedras preciosas y frágiles. Soy otoño en la alborada, soy, el grito que se queda para no despertar a los verdugos. Soy paciencia disfrazada de risa y silencio en los labios fríos. Duermo en el lecho de ira contenida y en la ausencia que mitiga el dolor. Más... aún respiro como hoja de otoño que se aferra al árbol, resistiendo a qué el viento frío la arranque con firmeza. Aún respiro mientras mueren en mí cabeza los años perdidos.



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