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Las sombras tienen hambre

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  Las sombras tienen hambre  Las sombras tienen hambre, siempre tienen hambre. Se esconden entre los pétalos de la noche, entre las grietas del cuerpo, y te consumen… Son bestias sigilosas que atormentan inyectando venenos de lamentos. Las sombras siempre tienen hambre, y no les basta solo el cuerpo: nublan la mente y arañan el ser sereno. Las he visto esconderse entre las sombras del cuerpo. Las he sentido escabullirse entre la carne y beber de mi existencia. Las sombras hambrientas llegaron hasta las costas de mi vida en un día como tantos, en el otoño de un abril tardío. He luchado contra ellas. Me han matado muchas veces. Y aún sigo aquí, desnuda, escondida entre las luces encendidas, escondida de las sombras. Noor Yahann 

Un día a la vez

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  Un día a la vez  Este blog nació en un amanecer de dolor, cuando la fibromialgia comenzó a hablarme en su lenguaje silencioso: ese que talla el cuerpo, estremece la carne y oscurece los días. Escribí para entender el temblor, para encontrar un poco de luz en medio de la bruma, para sostenerme cuando el cansancio se hacía piedra. Con el tiempo, mis palabras dejaron de ser solo un espejo del sufrimiento físico. Comencé a escribir lo que me atravesaba el alma: la fragilidad, la memoria, las heridas antiguas, las ausencias, la violencia silenciosa, el amor que se quiebra y la vida que insiste, testaruda y pequeña, en seguir latiendo. Este espacio es eso: un territorio de resistencia, un cuaderno abierto, un rincón donde cada día intento recomponerme como puedo. Sin prisa. Sin exigencias. Sin máscaras. Aquí se escribe para sanar, para recordar, para llorar lo que duele y celebrar lo que queda. Aquí se escribe desde la sombra y desde la luz. Desde la herida y desde la esperanza. P...

Cuando la violencia acaricia con pétalos de flor

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  Cuando la violencia acaricia con pétalos de flor Un día bueno, un día malo. Un día bueno, dos días malos... Un día bueno, tres días malos... El cíclico de la violencia. No la que te deja marcas en el cuerpo, sino la que te deja marcas en el alma. No de pareja, sino la intrafamiliar. Es una rueda infinita a la que ya estás acostumbrada desde los años tempranos, tan silenciosa que no sientes cuánto se te mete en el cuerpo y cuánto de ti desgarra, como un aguijón de avispa. Cuando empiezas a notarlo, ya es tarde: la nube tóxica ya tomó tus pulmones. Pero te das cuenta de que no te lo mereces. Y sigues agachando la cabeza, porque siempre, todo lo que hiciste, estuvo mal. Hablas palabras ensayadas… como el muñeco de un ventrílocuo. Así de patética te conviertes. Pero desde niña. Entonces creces pensando que eso es normal: que alguien más piense por ti, que tú no puedas actuar sin preguntar. Sin embargo, en tu cabeza vuelan mariposas y caballos de fuego. La atmósfera real pesa como cem...

Hijo mío

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  Hijo mío La noche ha caído como un rocío sobre mis brazos. Acuno a mi niño moreno,  piel de azabache con gotas de aurora. Sus ojos llenan el mundo y acarician mi corazón con motas de quietud. Un par de soles ardientes me miran con ternura, cual un pétalo de rosa, cual una flor de seda frágil. Soy madre de tus ojos grandes, de tu mirada profunda, del mar de tu corazón infinito. Te acuno como a un niño  entre mi regazo; te adorno con besos y canciones, con estrellas. Aún hoy, entre mis brazos, tu calor tibio mata mi soledad. Te arranque de la muerte como una piedra preciosa, y las canciones de mi pecho rompieron la desdicha. Hoy huelo tu perfume en tu piel nocturna. Hueles a rocío y néctar de misterio. Te has vuelto mi sombra,  mi compañía en las soledades, el guardián en las tierras de mi imperio. Te acuno en mis brazos y me pierdo en tus ojos de aurora. Mi niño de la noche, con ojos de luceros. Qué bello eres, ¡hijo mío! Noor Yahann 

Una sonrisa que ilumina

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  Una sonrisa que ilumina La luz comienza en tus ojos.  Se abre paso como una paloma y llega a tus mejillas una sonrisa que trae néctar de melancolía y niñez. Un universo se oculta tras aquella sonrisa dulce que traspasa el corazón y la vida. Es como la mariposa que bate sus alas y comienza a mover el mundo. Tu sonrisa se abre como una rosa, y la tristeza se desvanece y muere en polvo y cenizas. La luz se abre paso, y tu rostro iluminado enmudece a la pena y a la soledad. Tu sonrisa llena los espacios y rincones sin cuerpo. Y así, sin más, echas a andar la máquina de mi felicidad oxidada. Noor Yahann 

Aún no se por cuánto tiempo

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  No sé por cuánto tiempo Una veta de tristeza rasga el lienzo de la ilusión, es un presentimiento casi hecho carne, como si los mustios pasajeros del tren de las desdichas sugieran ante el hambre. Frágil como una flor seca, mi cuerpo soporta la dejadez del tiempo y los olvidos mudos. Cuánto silencio se despide de las vías. Cuánto daño han dejado las bestias en mi carne. El veneno aún recorre mi sangre como un fuego. Las fuerzas han quedado suspendidas en una nota musical macabra. Entre el abandono y la batalla, aún estoy viva... aún no sé por cuánto tiempo... Noor Yahann 

Caos

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  Caos... El reloj ha detenido su andar. Todo corre en cámara lenta, como en esa fracción de segundo en la que el tiempo se hace eterno en medio de una catástrofe. Estoy a la espera de que el reloj marque el siguiente segundo. El caos regresa con una nueva forma, con un nuevo temor, con las cosas a medio hacer, con la vida en la mitad de la calle, con los sueños truncados por la mitad. Todo se ha detenido y no sé por dónde comenzar. Mi corazón late con fuerza, mi cuerpo busca la quietud que parece haber olvidado. La ausencia de dolor aún parece un sueño equivocado. Aún guardo miedos... aún enciendo la luz para espantar las alimañas. Estoy en el purgatorio, ni aquí ni allá. En una habitación blanca donde todo queda suspendido.  Aún no recupero fuerzas, aún me falta el aliento; apenas voy sacando los pies del infierno... Un relámpago ha quedado detenido, partiendo en dos el cielo. La hendidura marca un lado azul y el otro negro. Mis ansias enloquecen dentro de mí, y en las venas...

Temí

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  Temí Temí tantas veces encontrarte en plena calle y ver el duro verde de tus ojos. Temí tantas veces encontrarme frente a frente y ver tu alma vacía, sin atisbos de amor. Temí recorrer las mismas calles que tu esencia recorría, así que evité caminos dolorosos y esquivé baches del alma. Temí tanto que corrí hacia el lado contrario. Huí como una bestia asustada, corrí del maltrato, corrí del desamparo, del desapego, del desgano. Corrí sin detenerme entre los laberintos de la vida, sin saber que el destino siempre, me lleva a ti. Eres una sombra, una caja que no quiero abrir. Allí no hay ni siquiera recuerdos; sin embargo, está llena de vacíos injustos. Perdida estoy entre los pasillos del destierro. Sumida estoy en la amargura que trajo tu presencia. Aprendí a vivir sin ti, sin tu figura, sin la vorágine de tu presencia oscura. Tanto huí de ti que igual me encuentras y traes contigo lágrimas envueltas en papel de regalo. Sin embargo, ya solté los globos. Ya no lloro como de niña. M...

El fuego de los ceibos

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El fuego de los ceibos Una marea roja ondula entre verdes agrestes, incendiando el paisaje en atardeceres morados. Bajo aquel fuego rojo late mi corazón resignado. Se va apagando lentamente mientras las flores de los ceibos se inclinan de soledad. Llueven gotas de sangre que caen como plumas rojas. El pasto se tiñe de rojo mientras camino por la senda del dolor. Busco entre los pétalos el ardiente deseo de vivir sin sombras. Sin embargo, cuando el sol se desvanece y las gotas de luna acuden al cielo, todo queda en silencio y penumbras. Quizás solo el rumor tímido de un latido solitario intenta luchar contra el destino. He muerto... O quizás solo parte de mí ha muerto. Bajo el fuego de los ceibos, bajo el rojo del campo, bajo atardeceres que expiran en las brumas opacas entre pétalos encendidos de dolor. Noor Yahann 

Hablando con la muerte

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  Hablando con la muerte Mis ojos sonríen aún con una cuota de dolor. El silencio se ha roto tras el brillo de las lágrimas. Mis más profundos deseos se han marchitado. Me voy perdiendo en el desgano a la vida, mi luz se está apagando. Duelen más los sueños rotos que el cuerpo, y aún continúo tratando de armar las fantasías con lentejuelas sin brillo. La música suena y ha quedado atrás el vaivén de un vals. Se ha paralizado la nostalgia y vivo en irrealidades fabricadas con desvelos. Los restos de mí aún están esparcidos; no he logrado juntar mi juventud. Los minutos parecen ser eternos, como la agonía. El cuerpo destrozado marca los finales de una historia. En vano me ilusiono con la mentira y bebo, sorbo a sorbo, en la copa de la ilusión hasta embriagarme. Olvidar el dolor es imposible, olvidar los sueños es un suicidio. Entonces me entrego a la muerte como quien camina la senda del moribundo. Y así termino el día hablando con la muerte. Noor Yahann