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Un puente hacia la luz

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Un puente hacia la luz El 17 de octubre de 2022 fue la última vez que subí a un escenario. Ese día, sin decírselo a nadie, supe que sería la última vez. Han pasado cuatro años. Cuatro años que han pesado sobre mis hombros. Cuatro años en los que batallé con una enfermedad que pensé que podría superar. Hoy, con dolor crónico, mi vida aún sigue marcada por esa lucha. Tuve que tomar decisiones que, poco a poco, me alejaron de la danza. Dejar de dictar clases fue una de ellas. Mi cuerpo ya no soporta la exigencia que implican las clases y sus presentaciones. Conservarlo para volver a los escenarios es mi manera de continuar un poco más con la danza. Ahora mi mente se proyecta hacia proyectos audiovisuales y trabajos multidisciplinarios. Pero esta brecha también ha logrado estrechar mis lazos con la escritura, esa compañera que me acompañó en la adolescencia junto al dibujo. Todo aquello que antes expresaba a través del cuerpo lo volqué en palabras. Hoy rearmo mi vida como un rompecabezas: ...

Preservar mi cuerpo

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    Preservar mi cuerpo Hay un momento en nuestras vidas en el que debemos tomar decisiones difíciles. Preservar mi continuidad en la danza me ha llevado a hacer recortes. Preservar el cuerpo como el mayor tesoro de mi existencia significa muchas cosas. Dejar de dar clases es una de ellas, aunque no lo desee. Ensayos más cortos, más espaciados; coreografías menos exigentes. Mermar mi propia ideología de la danza. "Un ensayo bien hecho vale más que mil marcaciones." En un cuerpo con dolor crónico, duele, y no poco. Pero aún intento moverme. He entrado en modo supervivencia y, aunque cueste, mi mundo es y ha sido bailar. Quizá para algunos esto no sea importante. Dirán que busque otra cosa para hacer... Pero, para quien la danza se convirtió en el eje de su vida y en su forma más profunda de expresión, no es tan sencillo. La pasión no tiene explicación, y soy consciente de que la vida de un bailarín tiene un límite. Pero la mía fue arrebatada; me la robó el destino. Y ba...

Mujer de tiza y carbón

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  Mujer de tiza y carbón  Rigidez matutina Mil preguntas pasan por mi mente. El dolor me despierta sujetando mis tobillos a la cama, anclando mi cuerpo. Rígida. Endurecida. Mujer de tiza y carbón. Me incorporo lentamente, como intentando no romperme... ¿Cómo podré bailar si comienzo el día así? ¿Cómo haré mi vida cotidiana si soy un jarrón roto? Y, aunque el día se manifieste con los siete corceles del infierno, me levanto. El dolor hoy se ha hecho costumbre. Convive a diario mientras le pongo brasas a la vida para continuar andando, como una vieja locomotora en el fin del mundo. Saco el pie del acelerador y hago un stop a la vida. No para recuperarme... Porque eso no ocurre, sino para reparar con hilos lo roto. Mujer de tiza y carbón... Mujer de sueños y dolor. Noor Yahann  © Todos los derechos reservados 

El día en que el cuerpo dijo basta

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  El día en que el cuerpo dijo basta Llevo días caminando con el cansancio a cuestas. No llegó de golpe. Se instaló lentamente, como una sombra que se acomoda en los rincones de la casa. Primero fue el agotamiento. Después la dificultad para concentrarme. Luego la niebla mental, esa vieja conocida que borra palabras, confunde ideas y vuelve pesados los pensamientos. Seguí adelante. Como hacemos tantas personas que convivimos con el dolor crónico: avanzamos un poco más. Terminamos una tarea más. Cumplimos un compromiso más. Hasta que hoy el cuerpo dijo basta. No pude levantarme de la cama. Tuve que suspender mis clases. Sentí una fragilidad difícil de describir, como si toda mi energía hubiera sido absorbida durante la noche. La fibromialgia tiene formas curiosas de hacerse presente. No siempre grita. A veces susurra durante días antes de convertirse en una tormenta. La niebla mental llegó acompañada por la alodinia en el cuero cabelludo, ese dolor absurdo que transforma una simple ...

Lo que nadie te cuenta sobre volver a bailar después de una lesión

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Lo que nadie te cuenta sobre volver a bailar después de una lesión Cuando una bailarina se lesiona, la conversación suele girar en torno a diagnósticos, tratamientos y tiempos de recuperación. ¿Cuántas semanas de reposo? ¿Cuándo podrá volver a entrenar? ¿Qué ejercicios debe hacer? Pero hay una parte de la recuperación de la que se habla mucho menos. La parte emocional. Porque volver a bailar después de una lesión no consiste únicamente en sanar tejidos, músculos o articulaciones. También implica reconstruir la confianza en un cuerpo que, en algún momento, dejó de sentirse seguro. El miedo al movimiento Hay un instante que marca un antes y un después. No es el momento de la lesión. Es el momento en que vuelves a intentar moverte. Quizás sea un giro. Un shimmy. Una ondulación. Un simple desplazamiento. Y de pronto aparece el miedo. No porque el movimiento sea peligroso, sino porque tu memoria recuerda el dolor. El cuerpo guarda recuerdos. A veces, incluso después de que la lesión ha mejo...

Bitácora

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  Me caído y levantado a lo largo de estos meses, una recuperación que parecía fácil se ha tornado complicada. Mí cuerpo herido algunas veces responde bien, otras veces (la mayoría) no.  Voy y regreso en mis proyectos en un sube y baja de emociones. No encuentro la forma de armar este cuerpo incompleto. Me faltan partes, me sobran emociones. Mi dolor a vuelto aunque con otra forma. Mis sueños vuelven a quedar aplazados. El dolor mermó un tiempo pero poco a poco comenzó aflorar nuevamente. No puedo entender la mecánica de lo que siento. Solo aturde. Me invade. Estoy en una calle sin salida. Trato de vivir de la mejor forma que puedo. Trato de continuar. Pero me derrumbó. De a poco el dolor me a quitado movilidad. Bajarme de la cama, sentarme en una silla, atarme las zapatillas se me hace difícil. Igual camino, intento no quedarme. Mí felicidad duro poco. A fines de diciembre el dolor volvió pero como una leve molestia que se fue incrementando. Hoy otra vez es intolerable....

Las sombras tienen hambre

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  Las sombras tienen hambre  Las sombras tienen hambre, siempre tienen hambre. Se esconden entre los pétalos de la noche, entre las grietas del cuerpo, y te consumen… Son bestias sigilosas que atormentan inyectando venenos de lamentos. Las sombras siempre tienen hambre, y no les basta solo el cuerpo: nublan la mente y arañan el ser sereno. Las he visto esconderse entre las sombras del cuerpo. Las he sentido escabullirse entre la carne y beber de mi existencia. Las sombras hambrientas llegaron hasta las costas de mi vida en un día como tantos, en el otoño de un abril tardío. He luchado contra ellas. Me han matado muchas veces. Y aún sigo aquí, desnuda, escondida entre las luces encendidas, escondida de las sombras.   Noor Yahann © 2025 – Todos los derechos reservados

Un día a la vez

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  Un día a la vez  Este blog nació en un amanecer de dolor, cuando la fibromialgia comenzó a hablarme en su lenguaje silencioso: ese que talla el cuerpo, estremece la carne y oscurece los días. Escribí para entender el temblor, para encontrar un poco de luz en medio de la bruma, para sostenerme cuando el cansancio se hacía piedra. Con el tiempo, mis palabras dejaron de ser solo un espejo del sufrimiento físico. Comencé a escribir lo que me atravesaba el alma: la fragilidad, la memoria, las heridas antiguas, las ausencias, la violencia silenciosa, el amor que se quiebra y la vida que insiste, testaruda y pequeña, en seguir latiendo. Este espacio es eso: un territorio de resistencia, un cuaderno abierto, un rincón donde cada día intento recomponerme como puedo. Sin prisa. Sin exigencias. Sin máscaras. Aquí se escribe para sanar, para recordar, para llorar lo que duele y celebrar lo que queda. Aquí se escribe desde la sombra y desde la luz. Desde la herida y desde la esperanza. P...

Cuando la violencia acaricia con pétalos de flor

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  Cuando la violencia acaricia con pétalos de flor Un día bueno, un día malo. Un día bueno, dos días malos... Un día bueno, tres días malos... El cíclico de la violencia. No la que te deja marcas en el cuerpo, sino la que te deja marcas en el alma. No de pareja, sino la intrafamiliar. Es una rueda infinita a la que ya estás acostumbrada desde los años tempranos, tan silenciosa que no sientes cuánto se te mete en el cuerpo y cuánto de ti desgarra, como un aguijón de avispa. Cuando empiezas a notarlo, ya es tarde: la nube tóxica ya tomó tus pulmones. Pero te das cuenta de que no te lo mereces. Y sigues agachando la cabeza, porque siempre, todo lo que hiciste, estuvo mal. Hablas palabras ensayadas… como el muñeco de un ventrílocuo. Así de patética te conviertes. Pero desde niña. Entonces creces pensando que eso es normal: que alguien más piense por ti, que tú no puedas actuar sin preguntar. Sin embargo, en tu cabeza vuelan mariposas y caballos de fuego. La atmósfera real pesa como cem...

Hijo mío

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  Hijo mío La noche ha caído como un rocío sobre mis brazos. Acuno a mi niño moreno,  piel de azabache con gotas de aurora. Sus ojos llenan el mundo y acarician mi corazón con motas de quietud. Un par de soles ardientes me miran con ternura, cual un pétalo de rosa, cual una flor de seda frágil. Soy madre de tus ojos grandes, de tu mirada profunda, del mar de tu corazón infinito. Te acuno como a un niño  entre mi regazo; te adorno con besos y canciones, con estrellas. Aún hoy, entre mis brazos, tu calor tibio mata mi soledad. Te arranque de la muerte como una piedra preciosa, y las canciones de mi pecho rompieron la desdicha. Hoy huelo tu perfume en tu piel nocturna. Hueles a rocío y néctar de misterio. Te has vuelto mi sombra,  mi compañía en las soledades, el guardián en las tierras de mi imperio. Te acuno en mis brazos y me pierdo en tus ojos de aurora. Mi niño de la noche, con ojos de luceros. Qué bello eres, ¡hijo mío! Noor Yahann © 2025 – Todos los derechos res...