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Temí

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  Temí Temí tantas veces encontrarte en plena calle y ver el duro verde de tus ojos. Temí tantas veces encontrarme frente a frente y ver tu alma vacía, sin atisbos de amor. Temí recorrer las mismas calles que tu esencia recorría, así que evité caminos dolorosos y esquivé baches del alma. Temí tanto que corrí hacia el lado contrario. Huí como una bestia asustada, corrí del maltrato, corrí del desamparo, del desapego, del desgano. Corrí sin detenerme entre los laberintos de la vida, sin saber que el destino siempre, me lleva a ti. Eres una sombra, una caja que no quiero abrir. Allí no hay ni siquiera recuerdos; sin embargo, está llena de vacíos injustos. Perdida estoy entre los pasillos del destierro. Sumida estoy en la amargura que trajo tu presencia. Aprendí a vivir sin ti, sin tu figura, sin la vorágine de tu presencia oscura. Tanto huí de ti que igual me encuentras y traes contigo lágrimas envueltas en papel de regalo. Sin embargo, ya solté los globos. Ya no lloro como de niña. M...

El fuego de los ceibos

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El fuego de los ceibos Una marea roja ondula entre verdes agrestes, incendiando el paisaje en atardeceres morados. Bajo aquel fuego rojo late mi corazón resignado. Se va apagando lentamente mientras las flores de los ceibos se inclinan de soledad. Llueven gotas de sangre que caen como plumas rojas. El pasto se tiñe de rojo mientras camino por la senda del dolor. Busco entre los pétalos el ardiente deseo de vivir sin sombras. Sin embargo, cuando el sol se desvanece y las gotas de luna acuden al cielo, todo queda en silencio y penumbras. Quizás solo el rumor tímido de un latido solitario intenta luchar contra el destino. He muerto... O quizás solo parte de mí ha muerto. Bajo el fuego de los ceibos, bajo el rojo del campo, bajo atardeceres que expiran en las brumas opacas entre pétalos encendidos de dolor. Noor Yahann © 2025 – Todos los derechos reservados

Hablando con la muerte

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  Hablando con la muerte Mis ojos sonríen aún con una cuota de dolor. El silencio se ha roto tras el brillo de las lágrimas. Mis más profundos deseos se han marchitado. Me voy perdiendo en el desgano a la vida, mi luz se está apagando. Duelen más los sueños rotos que el cuerpo, y aún continúo tratando de armar las fantasías con lentejuelas sin brillo. La música suena y ha quedado atrás el vaivén de un vals. Se ha paralizado la nostalgia y vivo en irrealidades fabricadas con desvelos. Los restos de mí aún están esparcidos; no he logrado juntar mi juventud. Los minutos parecen ser eternos, como la agonía. El cuerpo destrozado marca los finales de una historia. En vano me ilusiono con la mentira y bebo, sorbo a sorbo, en la copa de la ilusión hasta embriagarme. Olvidar el dolor es imposible, olvidar los sueños es un suicidio. Entonces me entrego a la muerte como quien camina la senda del moribundo. Y así termino el día hablando con la muerte. Noor Yahann 

Aún no sé qué pasará mañana.

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  Aún no sé qué pasará mañana. Aprendí a la fuerza a no planear más allá de mi sombra. El dolor me obligó a vivir el hoy, el momento; paralicé mi vida como si cada día fuera el último. Agonicé en una espera eterna.  Hoy, por momentos, me gana la ansiedad y quiero hacer todo lo que dejé atrás. Pero estoy en el intento de reconstruirme, de reencontrarme, de armar mis pedazos rotos. Estuve mucho tiempo mal… años… Y aun en una milésima de dolor, siento miedo de volver atrás, de no haber sanado, de desandar el sendero de la cura. Como si viviera una ficción, una filmina donde mi vida se torna feliz.  Mi mente recuerda el dolor y lo busca, no porque lo quiera, sino por miedo. Es difícil esta transición. Pensé mil veces en la cura, en mis años sanos, y ellos no están. El dolor se ha ido, pero mi cuerpo aún no lo comprende; mi mente todavía divaga en la demencia. Estoy en esa delgada línea siniestra que no tiene explicación: el punto cero. Donde no hay viento, solo ruido blanco...

Conexiones digitales, corazones desconectados

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  Conexiones digitales, corazones desconectados  Vivimos en un mundo donde todo parece reducirse a un like. Donde el afecto se mide con corazones digitales, donde la ausencia de apego y la falta de amor real se camuflan bajo filtros perfectos. Las redes sociales, ese universo que promete conexión, pero muchas veces solo entrega distancia.  Entre niños, adolescentes y adultos, el impacto ya es visible: ansiedad por la aprobación, miedo a quedar afuera, soledad disfrazada de hiperactividad digital. Los "odiadores" (haters) —esos que se escudan en pantallas para escupir ofensas— han convertido la violencia verbal en un deporte. Y los perfiles falsos se multiplican peligrosos, derivan en acusaciones dirigidas a personas equivocadas, identidades robadas, confusiones que pueden lastimar más que cualquier golpe físico.  Todo se convierte en inmediatez. En un clic. En un comentario impulsivo. La realidad se evade y los lazos verdaderos se aflojan, como si ya no recordáramos...

Perdida

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 Perdida   En alguna calle me he perdido; la ciudad parece un laberinto sin retorno. ¿Dónde estará la senda correcta? Me he perdido en la ceguera de la muerte, en la angustia que vaga imprudente por los caminos del infortunio. He quedado olvidada en la casa de los espejos, en un laberinto de reflejos. No encuentro salida. Me he perdido entre la locura de la tormenta, en el devastado ciclo del carrusel sin música. Qué amarga se siente la vida: un trozo de sueños sin recuerdos. Me evoco en la palidez de la luna y me ahogo en la rutina de los días macabros. Mi vida es un ciclón continuo, una bomba a punto de estallar. La sal corroe mis heridas, y fabrico futuros de fantasía que cuelgo en mi pecho cual piedra preciosa. Qué pesadas son las cadenas que arrastro en silencio, en soledad y misterio. Cuando el mundo se termine, cuando sea tarde, veré del sol sus últimos rayos y beberé el vino de la despedida, minutos antes de la muerte. Noor Yahann © 2025 – Todos los der...

Cavando su propia tumba

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 Cavando su propia tumba Hemos aquí, todos juntos, viendo cómo alguien va a su tumba en el cementerio. No se dan cuenta, no lo sabe, pero cada vez que abre la boca va sacando una pala de tierra, y cada vez más abajo. No hay adjetivos para el narcisismo. Él seguirá cavando su fosa, echando la culpa al otro. Y, extrañamente, lo ayudan a enterrarse más. Las arpías de la mitología lo acompañan en función de su progreso. Se piensan ganadores de un engaño vil. Piensan que por ensuciar a otro ellos no quedarán salpicados. El mal jamás triunfa, y ahí van cavando todos su propia tumba. Escucho campanadas de entierro a lo lejos. Me pregunto si sabrán que es por ellos. La luz no se puede tapar porque a ellos les molesta. Sus acciones, su proceder, su manera de actuar los está llevando por camino de tinieblas... ¿Arrepentimiento? No existe en su vocabulario. ¿Disculpa? Tampoco... Los doctos, los señores, buitres con traje y ropa al tono, se mueven por los terrenos de la bajeza y la mentir...

Bufones de la mentira

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  Bufones de la mentira La música resuena como en los carnavales antiguos; el aire apesta a difamación y calumnia. Hacen su aparición los bufones de la mentira, creyéndose señores de la realeza; cual payasos ridículos, pisan sus propios pasos. Sus manías los delatan, sus acciones quedan al descubierto; siempre serán bufones, indignos y poco aceptables. Aun cambien sus trajes, serán siempre el hazmerreír del público, la distracción de la aristocracia. Serán apuntados con el dedo, y la gente reirá a sus espaldas. El engaño y la mentira son disfraces que no se quitan, y vuelven a pisar sus propias lenguas. Vacíos de mente, mundanos en sus acciones, volverán a montar el circo con aquellos que no los conocen. Sin embargo, los despiertos verán sus trajes ridículos... verán los rostros detrás de las caretas y verán sus cabezas vacías, insulsas y llenas de gusanos. Ahí van los bufones, creyéndose reyes, mientras las miradas los sentencian en silencio. Cortos de mente, insulsos de pensamien...

Ángeles en el camino

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  Angeles en el camino Al salir del cuarto de las torturas, he visto los rostro de angeles en el camino. Salí con el alma partida y frío de soledad. En la garganta tenía los gritos que nunca di y las lágrimas rodaron común manantial. La soledad se disipó con mil voces, el aliento a seguir luchando fue al darme cuenta que no estaba sola. El camino que recorrí fue funesto, maldito y oscuro . Pero las luces de aliento llegaron como cuando el viento trae noticias del mar. Vi la bondad de la gente, vi el cariño desinteresado. Y volví a llorar esta vez al sentir apoyo cariño y amor. Aun me faltan varios pasos para llegar a la meta, pero puedo ver los banderines de llegada. ¿Quien me espera en la meta? Todos los que aportaron un grano de arena para mí recuperación. Todos los que me alentaron a salir, todos los que me dieron bueno deseos. ¿Quien corre a mí lado para levantarme en cada caída? mí pequeña familia, que me llevo en andas cuando no podía más y padeció conmigo mis dolencia y me...

Salida de emergencia

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  No sé qué hacer. Mi vida se ha estancado en un manicomio. Los días son iguales y el tiempo no se diluye entre los amaneceres. Interminable parece la derrota, como si, por alguna quimera del destino, todo retornara al mismo punto de partida. Me resisto a esta vida. Me resisto al olvido y a la comodidad del destino. Trato de acabar con los monstruos y todas sus versiones. Trato de acabar con la miseria y sus cómplices ocultos. He bebido hiel amarga, me he ahogado en los vapores de la desdicha. No hay vía de escape. Las puertas tienen candados; ninguna se abre. Mi cuerpo no tiene salida de emergencia. Muero en la frustración diaria, en el desgaste absurdo que genera el dolor. Mis días son de tormento y llamo. Aún no puedo salir de esta locura. Noor Yahann