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Bitácora

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  Me caído y levantado a lo largo de estos meses, una recuperación que parecía fácil se ha tornado complicada. Mí cuerpo herido algunas veces responde bien, otras veces (la mayoría) no.  Voy y regreso en mis proyectos en un sube y baja de emociones. No encuentro la forma de armar este cuerpo incompleto. Me faltan partes, me sobran emociones. Mi dolor a vuelto aunque con otra forma. Mis sueños vuelven a quedar aplazados. El dolor mermó un tiempo pero poco a poco comenzó aflorar nuevamente. No puedo entender la mecánica de lo que siento. Solo aturde. Me invade. Estoy en una calle sin salida. Trato de vivir de la mejor forma que puedo. Trato de continuar. Pero me derrumbó. De a poco el dolor me a quitado movilidad. Bajarme de la cama, sentarme en una silla, atarme las zapatillas se me hace difícil. Igual camino, intento no quedarme. Mí felicidad duro poco. A fines de diciembre el dolor volvió pero como una leve molestia que se fue incrementando. Hoy otra vez es intolerable....

Las sombras tienen hambre

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  Las sombras tienen hambre  Las sombras tienen hambre, siempre tienen hambre. Se esconden entre los pétalos de la noche, entre las grietas del cuerpo, y te consumen… Son bestias sigilosas que atormentan inyectando venenos de lamentos. Las sombras siempre tienen hambre, y no les basta solo el cuerpo: nublan la mente y arañan el ser sereno. Las he visto esconderse entre las sombras del cuerpo. Las he sentido escabullirse entre la carne y beber de mi existencia. Las sombras hambrientas llegaron hasta las costas de mi vida en un día como tantos, en el otoño de un abril tardío. He luchado contra ellas. Me han matado muchas veces. Y aún sigo aquí, desnuda, escondida entre las luces encendidas, escondida de las sombras.   Noor Yahann © 2025 – Todos los derechos reservados

Un día a la vez

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  Un día a la vez  Este blog nació en un amanecer de dolor, cuando la fibromialgia comenzó a hablarme en su lenguaje silencioso: ese que talla el cuerpo, estremece la carne y oscurece los días. Escribí para entender el temblor, para encontrar un poco de luz en medio de la bruma, para sostenerme cuando el cansancio se hacía piedra. Con el tiempo, mis palabras dejaron de ser solo un espejo del sufrimiento físico. Comencé a escribir lo que me atravesaba el alma: la fragilidad, la memoria, las heridas antiguas, las ausencias, la violencia silenciosa, el amor que se quiebra y la vida que insiste, testaruda y pequeña, en seguir latiendo. Este espacio es eso: un territorio de resistencia, un cuaderno abierto, un rincón donde cada día intento recomponerme como puedo. Sin prisa. Sin exigencias. Sin máscaras. Aquí se escribe para sanar, para recordar, para llorar lo que duele y celebrar lo que queda. Aquí se escribe desde la sombra y desde la luz. Desde la herida y desde la esperanza. P...

Cuando la violencia acaricia con pétalos de flor

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  Cuando la violencia acaricia con pétalos de flor Un día bueno, un día malo. Un día bueno, dos días malos... Un día bueno, tres días malos... El cíclico de la violencia. No la que te deja marcas en el cuerpo, sino la que te deja marcas en el alma. No de pareja, sino la intrafamiliar. Es una rueda infinita a la que ya estás acostumbrada desde los años tempranos, tan silenciosa que no sientes cuánto se te mete en el cuerpo y cuánto de ti desgarra, como un aguijón de avispa. Cuando empiezas a notarlo, ya es tarde: la nube tóxica ya tomó tus pulmones. Pero te das cuenta de que no te lo mereces. Y sigues agachando la cabeza, porque siempre, todo lo que hiciste, estuvo mal. Hablas palabras ensayadas… como el muñeco de un ventrílocuo. Así de patética te conviertes. Pero desde niña. Entonces creces pensando que eso es normal: que alguien más piense por ti, que tú no puedas actuar sin preguntar. Sin embargo, en tu cabeza vuelan mariposas y caballos de fuego. La atmósfera real pesa como cem...

Hijo mío

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  Hijo mío La noche ha caído como un rocío sobre mis brazos. Acuno a mi niño moreno,  piel de azabache con gotas de aurora. Sus ojos llenan el mundo y acarician mi corazón con motas de quietud. Un par de soles ardientes me miran con ternura, cual un pétalo de rosa, cual una flor de seda frágil. Soy madre de tus ojos grandes, de tu mirada profunda, del mar de tu corazón infinito. Te acuno como a un niño  entre mi regazo; te adorno con besos y canciones, con estrellas. Aún hoy, entre mis brazos, tu calor tibio mata mi soledad. Te arranque de la muerte como una piedra preciosa, y las canciones de mi pecho rompieron la desdicha. Hoy huelo tu perfume en tu piel nocturna. Hueles a rocío y néctar de misterio. Te has vuelto mi sombra,  mi compañía en las soledades, el guardián en las tierras de mi imperio. Te acuno en mis brazos y me pierdo en tus ojos de aurora. Mi niño de la noche, con ojos de luceros. Qué bello eres, ¡hijo mío! Noor Yahann © 2025 – Todos los derechos res...

Una sonrisa que ilumina

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  Una sonrisa que ilumina La luz comienza en tus ojos.  Se abre paso como una paloma y llega a tus mejillas una sonrisa que trae néctar de melancolía y niñez. Un universo se oculta tras aquella sonrisa dulce que traspasa el corazón y la vida. Es como la mariposa que bate sus alas y comienza a mover el mundo. Tu sonrisa se abre como una rosa, y la tristeza se desvanece y muere en polvo y cenizas. La luz se abre paso, y tu rostro iluminado enmudece a la pena y a la soledad. Tu sonrisa llena los espacios y rincones sin cuerpo. Y así, sin más, echas a andar la máquina de mi felicidad oxidada. Noor Yahann © 2025 – Todos los derechos reservados

Aún no se por cuánto tiempo

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  No sé por cuánto tiempo Una veta de tristeza rasga el lienzo de la ilusión, es un presentimiento casi hecho carne, como si los mustios pasajeros del tren de las desdichas sugieran ante el hambre. Frágil como una flor seca, mi cuerpo soporta la dejadez del tiempo y los olvidos mudos. Cuánto silencio se despide de las vías. Cuánto daño han dejado las bestias en mi carne. El veneno aún recorre mi sangre como un fuego. Las fuerzas han quedado suspendidas en una nota musical macabra. Entre el abandono y la batalla, aún estoy viva... aún no sé por cuánto tiempo... Noor Yahann © 2025 – Todos los derechos reservados

Caos

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  Caos... El reloj ha detenido su andar. Todo corre en cámara lenta, como en esa fracción de segundo en la que el tiempo se hace eterno en medio de una catástrofe. Estoy a la espera de que el reloj marque el siguiente segundo. El caos regresa con una nueva forma, con un nuevo temor, con las cosas a medio hacer, con la vida en la mitad de la calle, con los sueños truncados por la mitad. Todo se ha detenido y no sé por dónde comenzar. Mi corazón late con fuerza, mi cuerpo busca la quietud que parece haber olvidado. La ausencia de dolor aún parece un sueño equivocado. Aún guardo miedos... aún enciendo la luz para espantar las alimañas. Estoy en el purgatorio, ni aquí ni allá. En una habitación blanca donde todo queda suspendido.  Aún no recupero fuerzas, aún me falta el aliento; apenas voy sacando los pies del infierno... Un relámpago ha quedado detenido, partiendo en dos el cielo. La hendidura marca un lado azul y el otro negro. Mis ansias enloquecen dentro de mí, y en las venas...

Temí

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  Temí Temí tantas veces encontrarte en plena calle y ver el duro verde de tus ojos. Temí tantas veces encontrarme frente a frente y ver tu alma vacía, sin atisbos de amor. Temí recorrer las mismas calles que tu esencia recorría, así que evité caminos dolorosos y esquivé baches del alma. Temí tanto que corrí hacia el lado contrario. Huí como una bestia asustada, corrí del maltrato, corrí del desamparo, del desapego, del desgano. Corrí sin detenerme entre los laberintos de la vida, sin saber que el destino siempre, me lleva a ti. Eres una sombra, una caja que no quiero abrir. Allí no hay ni siquiera recuerdos; sin embargo, está llena de vacíos injustos. Perdida estoy entre los pasillos del destierro. Sumida estoy en la amargura que trajo tu presencia. Aprendí a vivir sin ti, sin tu figura, sin la vorágine de tu presencia oscura. Tanto huí de ti que igual me encuentras y traes contigo lágrimas envueltas en papel de regalo. Sin embargo, ya solté los globos. Ya no lloro como de niña. M...

El fuego de los ceibos

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El fuego de los ceibos Una marea roja ondula entre verdes agrestes, incendiando el paisaje en atardeceres morados. Bajo aquel fuego rojo late mi corazón resignado. Se va apagando lentamente mientras las flores de los ceibos se inclinan de soledad. Llueven gotas de sangre que caen como plumas rojas. El pasto se tiñe de rojo mientras camino por la senda del dolor. Busco entre los pétalos el ardiente deseo de vivir sin sombras. Sin embargo, cuando el sol se desvanece y las gotas de luna acuden al cielo, todo queda en silencio y penumbras. Quizás solo el rumor tímido de un latido solitario intenta luchar contra el destino. He muerto... O quizás solo parte de mí ha muerto. Bajo el fuego de los ceibos, bajo el rojo del campo, bajo atardeceres que expiran en las brumas opacas entre pétalos encendidos de dolor. Noor Yahann © 2025 – Todos los derechos reservados

Hablando con la muerte

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  Hablando con la muerte Mis ojos sonríen aún con una cuota de dolor. El silencio se ha roto tras el brillo de las lágrimas. Mis más profundos deseos se han marchitado. Me voy perdiendo en el desgano a la vida, mi luz se está apagando. Duelen más los sueños rotos que el cuerpo, y aún continúo tratando de armar las fantasías con lentejuelas sin brillo. La música suena y ha quedado atrás el vaivén de un vals. Se ha paralizado la nostalgia y vivo en irrealidades fabricadas con desvelos. Los restos de mí aún están esparcidos; no he logrado juntar mi juventud. Los minutos parecen ser eternos, como la agonía. El cuerpo destrozado marca los finales de una historia. En vano me ilusiono con la mentira y bebo, sorbo a sorbo, en la copa de la ilusión hasta embriagarme. Olvidar el dolor es imposible, olvidar los sueños es un suicidio. Entonces me entrego a la muerte como quien camina la senda del moribundo. Y así termino el día hablando con la muerte. Noor Yahann 

Aún no sé qué pasará mañana.

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  Aún no sé qué pasará mañana. Aprendí a la fuerza a no planear más allá de mi sombra. El dolor me obligó a vivir el hoy, el momento; paralicé mi vida como si cada día fuera el último. Agonicé en una espera eterna.  Hoy, por momentos, me gana la ansiedad y quiero hacer todo lo que dejé atrás. Pero estoy en el intento de reconstruirme, de reencontrarme, de armar mis pedazos rotos. Estuve mucho tiempo mal… años… Y aun en una milésima de dolor, siento miedo de volver atrás, de no haber sanado, de desandar el sendero de la cura. Como si viviera una ficción, una filmina donde mi vida se torna feliz.  Mi mente recuerda el dolor y lo busca, no porque lo quiera, sino por miedo. Es difícil esta transición. Pensé mil veces en la cura, en mis años sanos, y ellos no están. El dolor se ha ido, pero mi cuerpo aún no lo comprende; mi mente todavía divaga en la demencia. Estoy en esa delgada línea siniestra que no tiene explicación: el punto cero. Donde no hay viento, solo ruido blanco...

Conexiones digitales, corazones desconectados

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  Conexiones digitales, corazones desconectados  Vivimos en un mundo donde todo parece reducirse a un like. Donde el afecto se mide con corazones digitales, donde la ausencia de apego y la falta de amor real se camuflan bajo filtros perfectos. Las redes sociales, ese universo que promete conexión, pero muchas veces solo entrega distancia.  Entre niños, adolescentes y adultos, el impacto ya es visible: ansiedad por la aprobación, miedo a quedar afuera, soledad disfrazada de hiperactividad digital. Los "odiadores" (haters) —esos que se escudan en pantallas para escupir ofensas— han convertido la violencia verbal en un deporte. Y los perfiles falsos se multiplican peligrosos, derivan en acusaciones dirigidas a personas equivocadas, identidades robadas, confusiones que pueden lastimar más que cualquier golpe físico.  Todo se convierte en inmediatez. En un clic. En un comentario impulsivo. La realidad se evade y los lazos verdaderos se aflojan, como si ya no recordáramos...

Perdida

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 Perdida   En alguna calle me he perdido; la ciudad parece un laberinto sin retorno. ¿Dónde estará la senda correcta? Me he perdido en la ceguera de la muerte, en la angustia que vaga imprudente por los caminos del infortunio. He quedado olvidada en la casa de los espejos, en un laberinto de reflejos. No encuentro salida. Me he perdido entre la locura de la tormenta, en el devastado ciclo del carrusel sin música. Qué amarga se siente la vida: un trozo de sueños sin recuerdos. Me evoco en la palidez de la luna y me ahogo en la rutina de los días macabros. Mi vida es un ciclón continuo, una bomba a punto de estallar. La sal corroe mis heridas, y fabrico futuros de fantasía que cuelgo en mi pecho cual piedra preciosa. Qué pesadas son las cadenas que arrastro en silencio, en soledad y misterio. Cuando el mundo se termine, cuando sea tarde, veré del sol sus últimos rayos y beberé el vino de la despedida, minutos antes de la muerte. Noor Yahann © 2025 – Todos los der...

Cavando su propia tumba

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 Cavando su propia tumba Hemos aquí, todos juntos, viendo cómo alguien va a su tumba en el cementerio. No se dan cuenta, no lo sabe, pero cada vez que abre la boca va sacando una pala de tierra, y cada vez más abajo. No hay adjetivos para el narcisismo. Él seguirá cavando su fosa, echando la culpa al otro. Y, extrañamente, lo ayudan a enterrarse más. Las arpías de la mitología lo acompañan en función de su progreso. Se piensan ganadores de un engaño vil. Piensan que por ensuciar a otro ellos no quedarán salpicados. El mal jamás triunfa, y ahí van cavando todos su propia tumba. Escucho campanadas de entierro a lo lejos. Me pregunto si sabrán que es por ellos. La luz no se puede tapar porque a ellos les molesta. Sus acciones, su proceder, su manera de actuar los está llevando por camino de tinieblas... ¿Arrepentimiento? No existe en su vocabulario. ¿Disculpa? Tampoco... Los doctos, los señores, buitres con traje y ropa al tono, se mueven por los terrenos de la bajeza y la mentir...

Bufones de la mentira

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  Bufones de la mentira La música resuena como en los carnavales antiguos; el aire apesta a difamación y calumnia. Hacen su aparición los bufones de la mentira, creyéndose señores de la realeza; cual payasos ridículos, pisan sus propios pasos. Sus manías los delatan, sus acciones quedan al descubierto; siempre serán bufones, indignos y poco aceptables. Aun cambien sus trajes, serán siempre el hazmerreír del público, la distracción de la aristocracia. Serán apuntados con el dedo, y la gente reirá a sus espaldas. El engaño y la mentira son disfraces que no se quitan, y vuelven a pisar sus propias lenguas. Vacíos de mente, mundanos en sus acciones, volverán a montar el circo con aquellos que no los conocen. Sin embargo, los despiertos verán sus trajes ridículos... verán los rostros detrás de las caretas y verán sus cabezas vacías, insulsas y llenas de gusanos. Ahí van los bufones, creyéndose reyes, mientras las miradas los sentencian en silencio. Cortos de mente, insulsos de pensamien...

Ángeles en el camino

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  Angeles en el camino Al salir del cuarto de las torturas, he visto los rostro de angeles en el camino. Salí con el alma partida y frío de soledad. En la garganta tenía los gritos que nunca di y las lágrimas rodaron común manantial. La soledad se disipó con mil voces, el aliento a seguir luchando fue al darme cuenta que no estaba sola. El camino que recorrí fue funesto, maldito y oscuro . Pero las luces de aliento llegaron como cuando el viento trae noticias del mar. Vi la bondad de la gente, vi el cariño desinteresado. Y volví a llorar esta vez al sentir apoyo cariño y amor. Aun me faltan varios pasos para llegar a la meta, pero puedo ver los banderines de llegada. ¿Quien me espera en la meta? Todos los que aportaron un grano de arena para mí recuperación. Todos los que me alentaron a salir, todos los que me dieron bueno deseos. ¿Quien corre a mí lado para levantarme en cada caída? mí pequeña familia, que me llevo en andas cuando no podía más y padeció conmigo mis dolencia y me...

Salida de emergencia

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  No sé qué hacer. Mi vida se ha estancado en un manicomio. Los días son iguales y el tiempo no se diluye entre los amaneceres. Interminable parece la derrota, como si, por alguna quimera del destino, todo retornara al mismo punto de partida. Me resisto a esta vida. Me resisto al olvido y a la comodidad del destino. Trato de acabar con los monstruos y todas sus versiones. Trato de acabar con la miseria y sus cómplices ocultos. He bebido hiel amarga, me he ahogado en los vapores de la desdicha. No hay vía de escape. Las puertas tienen candados; ninguna se abre. Mi cuerpo no tiene salida de emergencia. Muero en la frustración diaria, en el desgaste absurdo que genera el dolor. Mis días son de tormento y llamo. Aún no puedo salir de esta locura. Noor Yahann 

Deja vu

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  No puedo mantener mí atención, hay un manto negro que me cubre por completo y asfixia mí personalidad. Las voces pasan a segundo plano, como un murmullo sobrecargado. No puedo hacer planes, el tiempo está pasando y estoy perdida en laberinto de los olvidados. No puedo hallar la salida, estoy encerada en mí propio cuerpo. Poco comprendida, entro nuevamente en el cíclico del silencio. Vuelvo otra vez a ver el mundo desde una ventana. Vuelvo rodar en las noche con el corazón seco. Hoy he perdido. Me dejado caer de rodillas y no me he levantado, no puedo. He muerto en este intento. Mis fuerzas han perecido bajo el flagelo del dolor, he tocado fondo y no he podido salir de poso. Los ecos de la vida se cuelan como una briza fría. La desesperación me envuelve con su telaraña. He sucumbido al desierto calcáreo, he muerto mil veces y otras tantas me he levantado. El viento arrastra mis despojos, los pocos que quedan de mí personalidad. Y sigo caminando en circulo, versando oraciones taci...

Un mejor mañana

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 El caos ha entrado a mí vida, como remolino de viento ha sacudido mis cimentes. Destruida, rota, olvidada, impregnada de desilusiones y sin sueños. Me dejó arrastra por el caos. El espacio huele a dolor, las últimas brazas aún destilan calor tibio. Se aproximan las horas mortales atoradas de dolencias. Cuántas veces he caído? Cuántas veces he llorado amargo? El dolor es como un zumbido sordo, como aquel instante que el silencio aturde y presiona los oídos. Es una mutilación silenciosa, resaca de una guerrera pérdida. Sin embargo aún camino, pero mí senda está llena de espinas.  Y aún con los pies rojo carmesí me atrevo a continuar, bajo la ilusión de un mañana mejor. Noor Yahann